Hace algunos años tuve una discusión con un compañero que afirmaba que “El Dios de los Ateos es no tener Dios”. La discusión comenzó a partir de mi notoria negativa ante tan ilógica conclusión. En estos momentos no voy a ponerme a explicar lo incongruente de la afirmación anterior, y quien no lo note, pues tendrá que meditarlo un rato. Platicando con otra persona salió otra conclusión brillante, afirmaba que “No importa en qué Dios creas, mientras creas en Dios”, asumiendo que es el mismo Dios, y que el nombre que se le de es igual que llamar a alguien Pepe o José.
Otras personas, que pretenden ser tolerantes con otras religiones, dicen “Reza al Dios de tu fe en busca de ayuda”, asumiendo claro que el Dios de otros tiene las mismas características que su Dios (es decir, que se le puede rezar y que ayuda).
Y volviendo al tema central de este post, que es la discusión con mi compañero religioso (que incluso se metió al Seminario un tiempo), afirmaba que los Ateos están mal, porque resulta absurdo pensar que el universo salió de la nada, que “alguien” tuvo que diseñarlo como es, y ese alguien es Dios. Y que tal ser, capaz de crear el universo entero, debe ser perfección absoluta, por lo tanto, su bondad es absoluta, y sólo él nos puede amar verdaderamente, con un amor incondicional y puro. Y remató diciendo que, aunque los Ateos no crean en Dios, aún así Dios los ama, porque Dios es puro amor y perdón.
Pues resulta lógico que el universo tuvo que comenzar en algún momento (a menos que el tiempo sea una ilusión extraña e incomprensible), y que “en la larga cadena que es la causalidad, debe existir una primera causa que no es causada”, pero esto no significa que esa causa sea un ser consciente, y aunque lo fuera, no significa que sea bueno (porque esa es una definición humana), ni tampoco tiene porqué parecerse a nosotros en absoluto (por aquello de “a imagen y semejanza”), tampoco significa que sienta algo como el “amor”, ni tampoco significa que le importemos. De hecho, si observamos la vida cotidiana podemos ver que las oraciones no son escuchadas, las iglesias se caen sobre los fieles, y los rayos siguen cayendo sobre las iglesias. Ninguna fuerza superior intercede ante las aberraciones que pueda cometer el ser humano, y la naturaleza sigue sus mismas leyes a pesar de el idealismo que llegue a concebir el hombre.
En una noche de cervezas salió una pequeña meditación sobre Dios y la Naturaleza. Antes de que el ser humano se convirtiera en el centro del universo, la naturaleza ya existía, y si seguimos un razonamiento lógico podemos concluir que el mundo natural es la obra pura de Dios. Por tal motivo, la naturaleza debe seguir las leyes supuestamente dictadas por Dios, sin los “peros” que los religiosos ponen ante el argumento del libre albedrío humano, pues éste aún no jugaba en este juego.
Pues bien, si las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, podemos ver que Dios no quiere “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Dios no quiere que la gente sea “buena”, de hecho, el ser bueno o malo es completamente irrelevante. Lo verdaderamente importante en la vida es saber adaptarse, ser bueno en lo que haces a fin de evadir la muerte y lograr la procreación de tu estirpe (por lo cual el sexo no es pecado como asegura la iglesia), de modo que sólo se conserven los mejores individuos, y los demás sirvan de alimento a éstos. Por tal razón, la muerte o sufrimiento de la humanidad debe ser completamente indiferente para Dios, pues la naturaleza está haciendo su trabajo como debe ser. También resulta absurdo rezar a Dios por ayuda, pues si llegara a interferir sería en contra de las reglas del juego de la vida, que él mismo impuso.
Para concluir, considero muy presuntuoso pensar que el ser humano está hecho (o si quiera se parece) a imagen y semejanza de Dios, y más presuntuoso es aún pensar que podemos influirlo mediante el rezo a fin de que cumpla nuestros caprichos. Si Dios existe, debe ser algo en extremo extraño e incomprensible, y definitivamente no tiene porqué tener atributos humanos como los sentimientos, la bondad y cosas de esas. Tampoco tiene porqué hacer nada para mejorar nuestras vidas, y ni siquiera tiene porqué ponernos la menor atención.
En cuanto a lo que yo creo al respecto (porque esto ya es cosa de creer), personalmente pienso que Dios existe (o algo a lo que se le puede llamar así), pero también creo que él (o “eso”) no va a hacer nada por nadie, ni se va a conmover ante nada. Creo que rezarle es inútil, ser pecador o santo es irrelevante, confiar en él es absurdo pues no le interesa nuestro pesar. En quien debemos confiar y poner nuestra fe es en nosotros mismos ya que somos lo único que tenemos en este paraíso natural.