A Dreamworld
Jueves 10 de Noviembre de 2005Es irónico que las cualidades que más nos agradan del mundo sean realmente cualidades nuestras. Es el mundo simplemente quien desencadena las experiencias que siempre han estado dentro de nosotros mismos.
Todo es subjetivo, en un grado impresionante. Hay que notar que en el mundo real no existe tal cosa como el color (por dar algún ejemplo), quizá exista la luz, pero el color se lo pone nuestra mente. Es igual con los sonidos. Las ondas mecánicas viajan por el aire, pero es nuestra mente la que le atribuye un tono particular que identificamos como sonido. ¿Los sabores?, ¿Los olores?… ¿Qué puede ser más subjetivo que eso?, si observamos a una vaca comer con deleite un insípido pasto, o vemos a un perro oliendo con satisfacción alguna inmundicia. Y que hay de la textura, el calor y el frío. Pues bien, es verdad que los objetos son rugosos o lisos, y tienen temperatura. Pero la sensación de estas cualidades es puesta por la mente, de forma arbitraria, me atrevo a decir, como en el caso del frío, tal cosa no existe más que para quien lo puede percibir.
Pensando un poco las cosas podemos ver que la forma en que recibimos la información del exterior se ve enormemente afectada por nuestras mentes, quizá seamos capaces de percibir las mismas cosas que nuestros semejantes, pero es evidente que las percibimos de forma distinta, y si bien compartimos las mismas cualidades sensoriales con los demás seres humanos, supongo que ha de haber diferencias.
Para complicar más aún las cosas, existen atributos de los objetos que percibimos que son enteramente subjetivas, ninguna otra persona las percibe como nosotros. La belleza de un objeto es un ejemplo, si te inspira tranquilidad, desagrado, o cualquier otra emoción. Es obvio que no a todos nos gustan las mismas cosas, ni tenemos los mismos intereses. Es obvio que percibimos el mundo de formas muy particulares.
A eso añadamos las expectativas. Según nuestras creencias, esperaremos ver ciertas cualidades que conocemos, algunas otras serán ignoradas porque no forman parte de lo que conocemos. Por ello, sólo somos capaces de percibir una fracción del mundo circundante, y lo demás es ignorado.
Entonces, ¿qué tan real es el mundo?, si nuestras experiencias son determinadas por el contenido de nuestras mentes y sólo vemos aquello que esperamos ver.