Sin Nombre
Jueves 30 de Marzo de 2006La noche ha caído. Queda sólo el cansancio y tedio. No debo dormir. El día acaba, la tela del sueño cubre amablemente las memorias de la vida, me convierto en alguien diferente, ya nada importa.
Tengo deseos de saber cuando acabará el desastre que me rodea. Las duras estancias a mi alrededor nublan mis recuerdos sobre las razones que poseo. Al final termino en la duda, siento la soledad abarcando rápidamente los recovecos de mi mente. Todo parece oscuro, siento que nadie ha estado tan vacío, nadie más.
Siempre se encuentra la luz de la esperanza, regocijados ante su sombra caemos en la terrible necesidad de terminar lo ya empezado, de desistir de nuestros anhelos más profundos, de ser lo que antes odiábamos. Es tan difícil tener un destino, un propósito que seguir. Es tan regocijante soñar con las hazañas que nunca podrán ser.
Oh terrible oscuridad. ¿Qué oscuros y terribles secretos ocultas?. La suave caricia de la brisa nocturna hiela la sangre, las sombras danzan y ocultan la existencia de seres innombrables. Las palabras fluyen en un débil susurro, fundiéndose con la espesa negrura, alimentando las pesadillas que habitan en su interior.
El silencio inunda el universo, los viejos árboles llaman a los demonios a la fiesta secreta. Se escurren por entre la penumbra aparentando ser algo más. Un silbido apagado hace vibrar la tela de la noche. Los seres nocturnos observan, llenando mis ojos de fantásticos temores.
Algo cruza por el aire, un ave tal ves. Sé que es algo más. Donde quiera se escuchan los llantos dormidos de aquellos que sufren. La soledad inunda con sus terribles destellos, fríos filos que cortan la carne sin piedad. La noche ha caído, ha tomado el mundo para si misma, lo impregna todo con su ser. Es ahora cuando puedo sentir la dicha en mi corazón.