Finalizing Human ROM…
Miércoles 15 de Noviembre de 2006He notado que, llegada cierta edad, la mayoría de la gente se niega obstinadamente a aprender cualquier cosa más. Los pretextos son varios, “a mi edad ya no se aprende”, “ésta es la persona que soy”, “ya estoy grande para esas cosas”, “de que me va a servir” y demás.
En nuestra cultura recibimos un bombardeo constante de mensajes que imponen este tipo de auto-limitación (se puede apreciar en la TV con un poco de atención). En casi todas las series, los personajes no crecen, es más, los productores se aferran por todos los medios a que los personajes cambien lo menos posible, quizá por la pereza de dar continuidad a la historia, o quizá para no cambiar el ambiente que le dio fama al programa. Aún así, muchos de los “mensajes” que transmiten fomentan la renuencia a cambiar, alegando que cambiar es malo, que es fingir ser alguien que no se es.
En contraste, algo que aprecio mucho de la animación japonesa es que sus personajes siempre crecen. Comienzan siendo personas comunes y corrientes, pero en el transcurso de la historia adquieren nuevas características, o pierden otras, pero cambian. Los malos pueden incluso volverse buenos, o viceversa.
Por otro lado (volviendo a la realidad), quedarse estancado en una edad, en un esquema de pensamiento, en una rutina y no aspirar a ser nada más es lo peor que una persona puede hacer. Las personas que ya “están hechas”, ya están muertas. La monotonía de estas vidas debe ser abrumadoramente aburrida, un caso triste, pero muy frecuente.
Hay una frase que dice: “Demencia es hacer las mismas cosas y esperar resultados diferentes”, y aunque suene muy lógico, he visto a muchas personas que repiten una y otra vez los mismos errores, luego expresan su desconcierto al ver que por más que lo “intentan” siempre fracasan. Otra frase dice: “Un perro viejo no aprende trucos nuevos”, realmente no es que no se pueda, sino que estas personas ya “están hechas”.
A todo esto he de refutar algunas frases que he escuchado toda mi vida por parte de la gente adulta, dicen que “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, también dicen que “Cuando tu vas, yo ya vengo” etc. Y quizá esto es cierto para un niño, pues su experiencia es limitada y un adulto verdaderamente tiene muchas más vivencias. Sin embargo, llegada esta imprecisa edad en la cual el individuo no se ve obligado a aprender nada nuevo, normalmente adopta un estancamiento mental que dura el resto de su vida. Así pues, el que una persona sea más vieja, de ningún modo la hace más sabia.
Acudiendo a otra frase que se usa mucho, creo que “Tener la vida resuelta” no es de ningún modo un objetivo adecuado para la vida, llegar a esto es precisamente dejar de crecer, de aquí en más, sólo resta esperar la muerte.