Archivo de Septiembre, 2006

Buscando la Verdad

Viernes 22 de Septiembre de 2006

Para no perder la costumbre, el otro día estaba viendo The History Channel. Hay un programa que se llama “Buscando la Verdad” dónde sale un tipo que se viste como Indiana Jones y va por el mundo investigando “la verdad” sobre las civilizaciones antiguas. Es un buen programa, entretenido. En esta ocasión hablaron de Egipto y por ahí mencionaron una teoría “revolucionaria” sobre el misterio de las construcciones egipcias. Se decía que fueron los habitantes de Atlantis los verdaderos autores de los monumentos Egipcios. Al final, a pesar de esta novedosa teoría, resulta evidente de que fueron los Egipcios mismos quienes construyeron sus monumentos, pues no existe evidencia alguna que soporte la teoría de los Atlanteanos, al contrario, toda la evidencia prueba una y otra vez que los verdaderos autores fueron los Egipcios. Bien, estas teorías no son para nada revolucionarias ni nuevas. Se dice igualmente que las pirámides mexicanas fueron construidas por extraterrestres, que stonehenge es una “gasolinera espacial”, que las figuras del Desierto de Nazca son “pistas de aterrizaje”, que en una tumba en Palenque se encuentra la figura de un “astronauta” grabada en la piedra, entre muchos otros ejemplos.

Yo me pregunto, ¿Porqué subestiman a las culturas antiguas?, ¿Acaso creen que eran idiotas?, el humano de hace 2000, 4000, 10 000 años (y más para atrás) es el mismo humano de la actualidad y sus capacidades mentales son las mismas. Basta con ver nuestros logros para comprender que estas increíbles obras de ingeniería de la antigüedad son obras del ser humano, no de extraterrestres o culturas perdidas (cuya evidencia de haber existido es nula). Imaginen nada más que algún zoquete de una civilización del futuro encuentra las ruinas que dejamos, pensará que seguramente es obra de seres extraterrestres porque eramos capaces de volar, construir máquinas inteligentes, dominar la materia, controlar las fuerzas atómicas, e incluso viajar a otros planetas. ¡Pues el ser humano es capaz de eso y mucho más!, no somos los simios imbéciles que algunos quieren hacernos creer.

Que las obras del mundo antiguo son maravillosas, pues sí, lo son, y son obra del ingenio humano. Dudo mucho que alguna civilización extraterrestre (de existir) logre llegar hasta acá, estamos muy lejos de todo y aunque pudieran hacerlo una civilización tan avanzada hubiera dejado alguna huella en algo que no fuera de piedra, algo más afín a su tecnología, ¿O acaso una civilización capaz de viajar por el espacio y el tiempo se pondría a levantar monumentos de piedra para darle mantenimiento a sus naves?, me parece ridículo y absurdo. Puede que los monumentos de piedra sean sorprendentes, pero no dejan de ser ineficientes y primitivos en cuanto a su estructura. Los edificios modernos poseen mucho más espacio útil porque las técnicas de construcción y los materiales son mejores. Ahora, ¿Les parece lógico que una civilización más avanzada que la nuestra se ponga a construir pirámides con piedras sobrepuestas cuando puede hacer edificios con acero y hormigón?, seguramente algún pseudocientífico tiene una ingeniosa explicación para ello.

Y sobre la tan famosa Atlantis, quizá haya uno que otro investigador revolucionario con “evidencias” de la existencia de tal lugar. La verdad es que no existen pruebas de ello, todo lo que hay son especulaciones y pruebas forzadas que pretenden demostrar que una historia ficticia sugerida por Platón es una “verdad oculta”. Como se dice por ahí “Afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias”, si afirman que hubo un continente perdido pues requieren de pruebas concluyentes para demostrar tal afirmación.

Pero las pruebas que existen tan sólo son esperanzas e ilusiones para quienes desean creer en estas cosas. Cuando uno cree en algo desea que sea verdad, y cuando se topa con evidencia de lo contrario se sufre. A lo largo de la historia de la ciencia este tipo de decepciones han sido el “pan de cada día” para los investigadores serios (científicos), pero en lugar de hacer rabietas como los religiosos, parapsicólogos y pseudocientíficos, se limitan a aceptar su error, manteniendo la objetividad que caracteriza a los hombres de ciencia. Algo similar debería ocurrir con el resto de las personas, deberíamos ser capaces de cuestionar nuestras creencias y de tener la sensatez de aceptar nuestro error ante evidencia lógica y comprobable.

¡Por el Amor de Dios!

Sábado 16 de Septiembre de 2006

Hace algunos años tuve una discusión con un compañero que afirmaba que “El Dios de los Ateos es no tener Dios”. La discusión comenzó a partir de mi notoria negativa ante tan ilógica conclusión. En estos momentos no voy a ponerme a explicar lo incongruente de la afirmación anterior, y quien no lo note, pues tendrá que meditarlo un rato. Platicando con otra persona salió otra conclusión brillante, afirmaba que “No importa en qué Dios creas, mientras creas en Dios”, asumiendo que es el mismo Dios, y que el nombre que se le de es igual que llamar a alguien Pepe o José.

Otras personas, que pretenden ser tolerantes con otras religiones, dicen “Reza al Dios de tu fe en busca de ayuda”, asumiendo claro que el Dios de otros tiene las mismas características que su Dios (es decir, que se le puede rezar y que ayuda).

Y volviendo al tema central de este post, que es la discusión con mi compañero religioso (que incluso se metió al Seminario un tiempo), afirmaba que los Ateos están mal, porque resulta absurdo pensar que el universo salió de la nada, que “alguien” tuvo que diseñarlo como es, y ese alguien es Dios. Y que tal ser, capaz de crear el universo entero, debe ser perfección absoluta, por lo tanto, su bondad es absoluta, y sólo él nos puede amar verdaderamente, con un amor incondicional y puro. Y remató diciendo que, aunque los Ateos no crean en Dios, aún así Dios los ama, porque Dios es puro amor y perdón.

Pues resulta lógico que el universo tuvo que comenzar en algún momento (a menos que el tiempo sea una ilusión extraña e incomprensible), y que “en la larga cadena que es la causalidad, debe existir una primera causa que no es causada”, pero esto no significa que esa causa sea un ser consciente, y aunque lo fuera, no significa que sea bueno (porque esa es una definición humana), ni tampoco tiene porqué parecerse a nosotros en absoluto (por aquello de “a imagen y semejanza”), tampoco significa que sienta algo como el “amor”, ni tampoco significa que le importemos. De hecho, si observamos la vida cotidiana podemos ver que las oraciones no son escuchadas, las iglesias se caen sobre los fieles, y los rayos siguen cayendo sobre las iglesias. Ninguna fuerza superior intercede ante las aberraciones que pueda cometer el ser humano, y la naturaleza sigue sus mismas leyes a pesar de el idealismo que llegue a concebir el hombre.

En una noche de cervezas salió una pequeña meditación sobre Dios y la Naturaleza. Antes de que el ser humano se convirtiera en el centro del universo, la naturaleza ya existía, y si seguimos un razonamiento lógico podemos concluir que el mundo natural es la obra pura de Dios. Por tal motivo, la naturaleza debe seguir las leyes supuestamente dictadas por Dios, sin los “peros” que los religiosos ponen ante el argumento del libre albedrío humano, pues éste aún no jugaba en este juego.

Pues bien, si las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, podemos ver que Dios no quiere “paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Dios no quiere que la gente sea “buena”, de hecho, el ser bueno o malo es completamente irrelevante. Lo verdaderamente importante en la vida es saber adaptarse, ser bueno en lo que haces a fin de evadir la muerte y lograr la procreación de tu estirpe (por lo cual el sexo no es pecado como asegura la iglesia), de modo que sólo se conserven los mejores individuos, y los demás sirvan de alimento a éstos. Por tal razón, la muerte o sufrimiento de la humanidad debe ser completamente indiferente para Dios, pues la naturaleza está haciendo su trabajo como debe ser. También resulta absurdo rezar a Dios por ayuda, pues si llegara a interferir sería en contra de las reglas del juego de la vida, que él mismo impuso.

Para concluir, considero muy presuntuoso pensar que el ser humano está hecho (o si quiera se parece) a imagen y semejanza de Dios, y más presuntuoso es aún pensar que podemos influirlo mediante el rezo a fin de que cumpla nuestros caprichos. Si Dios existe, debe ser algo en extremo extraño e incomprensible, y definitivamente no tiene porqué tener atributos humanos como los sentimientos, la bondad y cosas de esas. Tampoco tiene porqué hacer nada para mejorar nuestras vidas, y ni siquiera tiene porqué ponernos la menor atención.

En cuanto a lo que yo creo al respecto (porque esto ya es cosa de creer), personalmente pienso que Dios existe (o algo a lo que se le puede llamar así), pero también creo que él (o “eso”) no va a hacer nada por nadie, ni se va a conmover ante nada. Creo que rezarle es inútil, ser pecador o santo es irrelevante, confiar en él es absurdo pues no le interesa nuestro pesar. En quien debemos confiar y poner nuestra fe es en nosotros mismos ya que somos lo único que tenemos en este paraíso natural.

A Random World II

Miércoles 13 de Septiembre de 2006

Hay una rama de la física llamada Mecánica Cuántica, que es la física de las partículas. Nació hace poco mas de 100 años, después de que se afirmó que “Son realmente pocos los nuevos descubrimientos que se puedan hacer en el campo de la Física”, y muestra que las partículas, constituyentes de toda materia y energía, se comportan de una manera completamente extraña y ajena a la lógica convencional.Las partículas son mucho más complejas y desconcertantes de lo que se podría pensar. Cuando se las observa se comportan como corpúsculos (como bolitas, para ser más claro), pero cuando no son observadas se comportan como ondas (como las que se ven en el agua). Por si fuera poco, el Principio de Incertidumbre de Heisenberg nos dice que no se puede medir la posición exacta y el momentum exacto de una partícula al mismo tiempo (como lo afirma la Ecuación del Universo). Mientras que podemos conocer la posición de una partícula, no podemos saber hacia dónde se dirige, ni a que velocidad. Si conocemos su velocidad (y dirección), no podemos saber dónde se encuentra. Esto va más allá de desconocer la otra variable por limitaciones tecnológicas, en verdad es imposible determinar la otra variable, pues no existe una solución real a su estado, podría decirse que se encuentra en múltiples estados simultáneamente. Esto quiere decir que, o vemos la onda o vemos la partícula, pero no se pueden medir con precisión ambas a la vez.

Esto quiere decir que los eventos verdaderamente aleatorios sí existen en la naturaleza. La incertidumbre con respecto a la posición o al momentum de una partícula en el siguiente instante de tiempo son eventos aleatorios, ya que no son determinados por un estado anterior de la partícula. Por lo tanto, no importa si tenemos una capacidad de medición y cómputo infinitas, resulta imposible predecir eventos cuánticos en el futuro.

Ahora, se pudiera pensar que las leyes que rigen el mundo cuántico no son aplicables al mundo macroscópico, y que los eventos macroscópicos son completamente determinísticos. Pues en realidad, hay que recordar que todas las cosas de nuestro universo (incluida la luz) están formadas de partículas, las mismas que se encuentran regidas por las leyes de la mecánica cuántica. Por tal motivo, los eventos aleatorios se encuentran por todas partes, brindando incertidumbre al mundo.

Imaginemos que tenemos dos copias idénticas de los estados iniciales de nuestro universo, y las ponemos a funcionar simultáneamente y aisladas una de la otra a fin de que no interfieran entre si. En el primer instante de tiempo ya habría diferencias entre uno y otro universo (cosa que no ocurriría si los eventos aleatorios reales no existieran). Estas pequeñas diferencias desencadenarían eventos que no ocurrirían de otro modo, mientras los eventos aleatorios siguen ocurriendo. Así pues, al mirar ambos universos algunos millones de años después veríamos que son, en realidad, completamente diferentes entre si.

A mi forma de ver, esto resulta más agradable que el mundo determinístico, ya que podemos estar seguros de que el futuro no está escrito. Aún más, hay quienes piensan que nuestros cerebros son máquinas cuánticas, capaces de amplificar los efectos anteriormente mencionados y modificar nuestro entorno de acuerdo a ello. Así que, después de todo, quizá nuestra voluntad no sea una mera ilusión, y quizá si somos verdaderamente capaces de decidir. Pero lo que realmente me resulta desconcertante acerca del mundo cuántico es el papel del observador en todo esto.

Hay un experimento mental muy interesante, el famosísimo Gato de Schrödinger, que ilustra de manera clara el papel del observador y de la superposición de estados cuánticos. El experimento dice así: Tenemos una partícula radiactiva que en una hora tiene un 50% de probabilidades de desintegrarse y un detector para determinar si, transcurrida la hora, la partícula se ha desintegrado. El detector está conectado a un mecanismo que liberará veneno si la partícula no ha decaído, y no hará nada en el otro caso. Este mortal dispositivo se coloca en una caja completamente opaca y sellada, junto con un gato vivo, de modo que, transcurrida una hora, el gato se jugará la vida en un albur cuántico. De este modo, todo el sistema (y la vida del gato) depende de una partícula única, la cual se encuentra sometida a las extrañas leyes de la mecánica cuántica. Por extraño que parezca, debido al principio de incertidumbre, transcurrida una hora la partícula tiene 50% de probabilidades de haberse desintegrado, pero mientras un observador no verifique su estado, la partícula se comporta como una onda. Podría decirse que se encuentra en ambos estados (desintegrada o no desintegrada) al mismo tiempo. Por tal motivo, todo el sistema se encuentra en una misma superposición de estados, teniendo a un gato simultáneamente vivo y muerto, hasta que “alguien” destape la caja y verifique su estado.

Más aún, si todas las cosas están hechas de partículas, y si todas las partículas necesitan ser observadas para comportarse como tal y no como ondas, esto quiere decir que, mientras no miramos, el mundo hace cosas raras (el sueño dorado de todo paranoico). Pero lo que me sigue pareciendo absolutamente desconcertante es el papel del observador, que altera un sistema cuántico con el sólo hecho de observar.

Muy loco, muy fumado, indeterminado, impredecible, desconcertante y a pesar de todo, el mundo me gusta más así, y la sutil sugerencia de que los observadores somos quizá una parte importante del universo, que quizá seamos capaces de verdaderamente decidir algo, me resulta tranquilizante en cierta forma, ya que la alternativa es un asco realmente.

Algunas referencias:

Mecánica Cuántica
Principio de Incertidumbre de Heisenberg
El Gato de Schrödinger
Interpretación de Copenhague
Efecto Mariposa
Dualidad Onda Corpúsculo

A Random World I

Miércoles 13 de Septiembre de 2006

Cuando se habla de eventos aleatorios se dice que, el resultado de una acción tiene más de un posible desenlace, el cual no puede ser determinado a partir de la acción. Entonces hablamos de probabilidades. Por ejemplo, si lanzamos una moneda al aire existe una probabilidad del 50% de que la moneda caiga con una de sus caras en particular. Sin embargo, si conocemos la fuerza aplicada en la moneda al momento de lanzarla, así como el punto de aplicación y la distancia al suelo (que son sus condiciones iniciales), podríamos calcular cual de las dos caras quedará arriba cuando la moneda llegue al suelo.Un verdadero evento aleatorio es imposible de predecir, y no depende de las condiciones iniciales del sistema. Podría pensarse entonces que en nuestro mundo no existen los eventos verdaderamente aleatorios (aquellos que no dependen de un evento anterior), simplemente, desconocemos las condiciones iniciales como para calcular el resultado final, o bien, hay tantas variables que influyen el resultado que es imposible seguirlas todas, entonces simplemente consideramos el evento como aleatorio.

En teoría, si tuviéramos un supercomputador que fuera capaz de calcular el comportamiento de cada átomo en un ambiente controlado, podríamos predecir con exactitud fenómenos como la turbulencia, aparentemente aleatoria, entonces, lo aleatorio no existe en realidad, simplemente no conocemos a fondo el sistema como para predecirlo, aunque tal predicción resulta posible.

En un post anterior mencioné la Ecuación del Universo, que podría ser considerado como un experimento mental sobre este tema. Imaginemos que tenemos un computador “mágico” superpoderoso, y que conocemos la posición y momentum exacto de cada partícula en el momento exacto en que se originó el universo. Entonces, usando matemáticas completamente determinísticas, el supercomputador sería capaz de determinar la posición y momentum exacto de cada partícula en cualquier instante de tiempo posterior al inicial. Esto significa que el computador podría determinar de forma precisa cómo se formó nuestro planeta, cómo evolucionó la vida, podríamos ver acontecimientos que ocurrieron en el pasado, así como los que ocurrirán en el futuro con absoluta precisión. De hecho podríamos ver cualquier lugar del universo en cualquier instante en el tiempo.

Las computadoras poseen generadores de números aleatorios, para utilizarlos en programas que los requieren, como juegos de azar (por ejemplo), simuladores, etc. Pero estos generadores no son verdaderamente aleatorios, sólo se trata de algoritmos matemáticos que generan una secuencia de números que aparentan ser aleatorios. Toda la secuencia depende de un número inicial (como el ejemplo del universo) que se introduce en el algoritmo, si introducimos el mismo numero inicial obtendremos exactamente la misma secuencia de números.

Pues bien, la Ecuación del Universo trata precisamente de eso, simplemente se piensa en mayor escala, pero en teoría, no existen eventos aleatorios reales. Esto significa que los eventos que ocurrirán en el futuro ya están determinados por las condiciones iniciales del universo. Lo cual significa que el futuro “está escrito”, y nada de lo que hagamos lo puede cambiar, pues todo aquello que hagamos de todas formas lo íbamos a hacer, exactamente de la forma predeterminada por las condiciones iniciales del universo. Podemos concluir que, si esta teoría es cierta, el ser humano carece por completo de la capacidad de decidir su propio futuro, sólo realiza tareas automáticas sin poder oponerse a ello realmente. Las decisiones no existen, la voluntad es una ilusión.

Ring Ring

Domingo 3 de Septiembre de 2006

Tengo cierta aversión a contestar el teléfono, a diferencia de otras personas que corren gustosas a ver quién llama. En una ocasión leí sobre cómo se forman las impresiones que tenemos de las cosas. Si nuestra experiencia es mayoritariamente positiva tendremos una buena actitud hacia tal cosa, pero si es mayoritariamente negativa nuestra actitud también será mala. Esto, claro, no quiere decir que nuestra percepción del asunto sea correcta.Pienso que tal renuencia a responder el teléfono se debe a que, normalmente, cuando respondo al teléfono acabo arrepintiéndome de haberlo hecho. Comúnmente es algún desconocido preguntando por mi padre debido a algún asunto que no me incumbe. En muchas de estas ocasiones termino escuchando una serie de problemas que la verdad no me conciernen y por los cuales no puedo hacer más que decir una y otra vez “hable más al rato”. Otras veces acabo adquiriendo el rol de mensajero y debo dejar mis ocupaciones a fin de ir a buscar al destinatario de tal llamada a alguno de los recónditos confines de mi casa, sólo para después volver con un mensaje en respuesta (en ocasiones la operación se repite más de una vez). En algunas ocasiones más, me encuentro respondiendo a la llamada de alguien que desea saber si me interesa tal o cual paquete de llamadas telefónicas, al lo cual respondo simplemente cortando la llamada ante la insistencia del operador.

Me falta mencionar el maldito sonido estridente que causa el aparato telefónico al anunciar una llamada entrante, que interrumpe cualquier actividad que me encuentre realizando, las cuales normalmente requieren de concentración, pues, o estoy leyendo o estoy pensando en algún problema. Como sea, estas interrupciones constantes en el transcurso del día son en extremo molestas. Por si fuera poco, las llamadas llegan a todas horas, en ocasiones a horas tan inapropiadas como lo es la madrugada.

Son contadas las llamadas telefónicas que recibo dirigidas hacia mi, y para colmo de males, cuando recibo una llamada nunca falta que sea un supuesto “amigo” buscando que le resuelva algún problema (que sólo llaman cuando algo se les ofrece). De entre toda esta basura recibo una que otra llamada auténtica sin “gato encerrado”. Algún amigo no parasitario que llama con buenas intenciones. He de admitir que a mi no me agrada “colgarme” del teléfono, pues me resulta muy cansado, y mi oreja termina doliendo. Sin embargo, hay ocasiones en que no me salvo de 30 minutos pegado al teléfono a fin de no ser grosero con quien me ha llamado. Sólo logro terminar agotado y con dolor de cabeza.

Quizá parezca extraño que, en estos tiempos de modernidad y a la afinidad de mis intereses con la tecnología, no posea un teléfono celular. Los rehuyo lo más que puedo. Ya es bastante molesto tener que atender las llamadas de la casa. Se que en ocasiones sería de mucha utilidad poder hacer una llamada de emergencia, o localizar a un amigo rápidamente. Pero esto también significa estar accesible en todo momento a personas que sólo buscan darme problemas; o a la familia que, dado el nuevo servicio, habla para saber dónde estoy, que hago, a que hora llego, que pase a buscar no se que a no se donde, etc. Sin contar que mis ingresos económicos por mes son de lo más miserables como para darme el lujo de pagar el servicio de un celular que no deseo. Más que una herramienta, para mi es un lastre.

Todo esto ha causado cierta mella en mi a lo largo de los años. Quizá por producto del condicionamiento, no puedo evitar estremecerme cuando ese maldito aparato comienza a sonar, el estómago se me revuelve y aguardo algunos segundos en espera de que alguien más responda. En otras ocasiones desconecto el teléfono a fin de no oírlo. Me resulta irritante en verdad, pero afortunadamente estas madrugadas son tan tranquilas…

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